Llevo medio siglo viendo como los lunes se sufre, los martes/miércoles/jueves se aguanta, el viernes se sueña, el sábado se besa y el domingo se vota. Y todo queda como era entonces. Cada 4 años (con suerte) dan una ración de placebo electoral. Es el cuento de la buena pipa. Cambian los muñecos, se agranda la Chacarita, se degrada el Clínicas, crecen las barras bravas y los Quindimil siguen gobernando desde sus sarcófagos de oro. Esto (país, territorio, nación, o el eufemismo con que se quiera nombrarlo) no cambiará hasta que los colectivos paguen sus multas, se canalice el río Bermejo, los polis aflojen su presión sobre las pizzerías y quienes sean dejen al Riachuelo tan limpito como el lago Lácar. Entretanto, lasciatti ogni speranza voui que hoy echarán boleta en urna.
Tags:Editorial
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