Que en medio de un país huérfano, calcinado hasta sus huesos, unos seres tan frágiles y contra natura, siempre fuera de moda y negados a las peripecias básicas (como arreglar un grifo o conducir automóviles) imaginen lo que sucede, en donde dicen no sucede nada, se aventuren en los alrededores del camino, no en el camino, es acontecimiento realmente prodigioso. Lo hagan con agraciadas o desgraciadas voces. Canten o aúllen. No importa. Cada poeta es un tono, un fraseo, un tempo de la música del espíritu universal.
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