¿No hay nadie que interprete la reacción del rey Juan Carlos ante la logorrea adolescente de Hugo Chávez como lo que aparentemente es —o como lo que también podría ser—, esto es, como la reacción de alguien que no puede seguir tolerando que se pasen por alto las más elementales reglas del protocolo, según las cuales cuando alguien habla, sin importar lo que esté diciendo, el otro se calla la boca y escucha hasta que le llegue el turno de hablar?
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